HORA DE LA MUERTE

11: 12 P.M

 

Descubrí tantas cosas esta noche...

descubrí porque la curiosidad mato al gato,

y me enteré del reporte de su autopsia.


Como es posible que un animal con siete vidas

haya perdido de un sópeton el aliento de todas ellas.

Es que era un gato enamorado, un gato con corazón,

que se sentaba en la ventana a esperar a la minina esa

a que le maullara esa canción, de 2 estrofas y de dulce coro

donde sin palabras exactas le juraba un solo y leal amor...


Lo que no sabia el gato manchado, era que su amada,

las noches de los jueves, se sentaba en otra ventana

a maullarle la misma canción al gato rayado, y sin saber,

que otras noches dedicaba a esos gatos que le atraían

por su elocuencia al maullar.


El pobre gato manchado

un estudiante de las artes y un aprendiz en las letras,

un ignorante de la vida, un cazador a medias,

el mismo gato manchado, que en las mañanas

bajaba nubes para su amada y le besaba a ciegas,

hasta la noche aquella que la gata descuidada olvido

que el martes era la noche de su fiel compañero y se

escabullo intrepida por entre los tejados, con destino

fijo, la casa del balcón violeta, donde otro corazón

le palpitaba solo a ella.


El gato de cola rayada, de mirada clara, estaba ahí,

esperando a que esa gatita ronronera apareciera

y le escribiera con sus versos otra dulce melodía.

 

Que ingenuo corazón el de los gatos enamorados,

que osada minina; la obsesion por ser amada,

le había costado la llegada en puntillas

del gato manchado, quien al haber observado

el instante de caricias y canciones, de tal pareja

tan particular, ha sufrido una interrupción de alegría,

un frenesí de amargura y seguramente un inmenso dolor,

el reporte para el gato fue insuficiencia amorosa,

además de caer del tejado en la extraña posición

en la que caen los animales que no saben amar

como si tuvieran siete vidas para hacerlo.